ISABEL GUERRA: LA MONJA PINTORA HIPERREALISTA

Desde la adolescencia Isabel Guerra se inclinó por el arte. Desde entonces hasta hoy, no ha dejado de trabajar en su pasión, dentro de su otra vocación religiosa.

La luz es la marca de su obra, tanto en los retratos como en los bodegones, con un marcado carácter de halo místico.


Trayectoria

Isabel Guerra Peñamaría nació en Madrid un 30 de abril de 1947, siendo hija única de una familia acomodada.

Su inclinación al arte se hace pronto manifiesta. Pasaba largas horas estudiando a los grandes maestros en el Museo del Prado, visitando exposiciones y leyendo todo lo que caía en sus manos sobre arte. Así, a los quince años de edad realiza su primera exposición individual.

La joven pintora participará desde entonces en muchos certámenes donde obtiene numerosos galardones.

Pero Isabel Guerra tenía también otra devoción, la de ser monja, por lo que con veintitrés años ingresa, el 12 de noviembre de 1970, en el convento cirtenciense del Monasterio de Santa Lucía en Zaragoza. 




Sin embargo, muy al contrario, no abandona su vocación artística. Continúa pintando y exponiendo individualmente con regularidad.

Obra

Sus trabajos abarcan óleo, técnica mixta, dibujo, obra gráfica y fotografía.

Sus pinturas, profundamente hiperrealistas, tienen una clara técnica velazqueña, pero siempre con un halo de mística cristiana.




Cultiva sobre todo el retrato y el bodegón, describiendo con ellos todos los momentos cotidianos del trabajo de mujeres humildes o campesinas, pero sus propios sueños o niñas, sin dejar de lado el tema más estrictamente religioso de la historia sagrada.

Pero sin lugar a dudas, lo que caracteriza singularmente su obra es la luz, porque para esta religiosa cisterciense es una herramienta básica con la que transmitir el mensaje de "paz, esperanza y serenidad" que le interesa hacer llegar a quienes los contemplen. Sus títulos evocan pasajes bíblicos.







Su obra está expuesta en museos e importantes colecciones así como en templos y catedrales.

Es miembro honorífico de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y de la de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Su pintura, muy cotizada, ha sido vista en más de veinte exposiciones individuales y otras tantas colectivas desde 1960. En el año 2000 una retrospectiva suya en La Lonja de Zaragoza contó con 78 óleos y dibujos suyos, una parte mínima de su abundante producción, que fue visitada por más de 120.000 personas. Escribió y publicó El libro de la paz interior. Pinturas y mensajes, que ha sido reimpreso diez veces, en donde comenta 48 de sus cuadros. 


 Guerra reconoce ser poco admiradora de sí misma, lo que le ha costado el sobrenombre de la "eterna insatisfecha", a pesar de que sus creaciones atraen a miles de espectadores. Además, se muestra sorprendida por el éxito de su trabajo.

Las obras de Guerra alcanzaban precios millonarios el siglo pasado y ahora, en el caso de los óleos, pueden superar los 50.000 euros. 

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